La exigencia condiciona tu manera de ser

Cuando hacemos  una conversación de coaching, utilizamos una  herramienta efectiva  llamada distinciones.

 Una distinción, es el conocimiento de las características que marcan las diferencias entre dos o mas o cosas.

 Como coach, nos apoderamos de una distinción lingüística cuando escuchamos algo que resuena más que otra cosa.

Por ejemplo, es posible escuchar, “me estoy exigiendo mucho en mi trabajo y siento que no me reconocen”.

Aquí, aparece la distinción de la exigencia que conjetura exigirse a uno mismo, unos resultados en un determinado tiempo. “Me exijo trabajando para lograr un ascenso. Hago el trabajo perfecto.  Cumplo con todo, inclusive me quedo más tiempo, sin ganar más y ascendió Carlitos que no hace nada”.

De este modo, a la exigencia se la enlaza con el resultado con lo que uno “es”, relacionándola con el hacer perfecto de lo que se emprenda. Cuando no se logra, en este caso el ascenso, uno se siente frustrado y descontento. Aquí  la exigencia condiciona tu manera ser.

La exigencia en ocasiones es derivada de un patrón transgeneracional, el cual puede permanecer en el transcurso de la vida sin que nos demos cuenta de ello.

Por ejemplo; tengo un objetivo en un emprendimiento, se lo que quiero lograr, como lo voy hacer, a quien voy a ofrecer mi producto, sin embargo no lo concreto, porque me exijo que salga perfecto y voy acotando los pro y los contras, sin darme la posibilidad del fracaso y para no fracasar prefiero no hacerlo.

Hace poco descubrí que mi miedo respecto al dinero es vivir sin nada, en la pobreza. En un sueño, recordé a una tía. Con mi madre vivíamos con esta tía y su familia.  Cuando mi madre se une en pareja, me lleva de esa casa, para vivir en un lugar bien alejado de esa ciudad. Yo tenía 5 años, y cuando nos íbamos, mi tía dijo que siempre viviríamos en la pobreza, que nunca íbamos a salir del barro, recuerdo que lo dijo llorando y a los gritos.

En nuestro nuevo hábitat,  vivíamos en una casilla en donde veía roedores que iban sobre el techo y yo no quería ser pobre. Cuando volvía de la escuela y veía basura por todos lados, me ponía mal y buscaba, ya de grande, acomodar, ordenar, me exigía ordenar todo para sentirme “bien”.

A lo largo de la vida mi exigencia era seguir estudiando, viendo siempre nuevas alternativas para no sentir, que estaba estancada en el barro, tal como lo había transmitido mi tía.

La exigencia desde mi personalidad, estaba dada en salir de esa pobreza y de lo que había dicho esa tía. Inconscientemente la arrastré toda una vida y para mi, salir de esa situación era estudiar.  

En oposición de la exigencia, se encuentra la excelencia, que representa prestar atención a las cosas para hacerlas de la manera más efectiva posible, manejando las mejores capacidades que tenemos como recurso dentro de nuestro ser. 

La excelencia tiene que ver con el proceso, con dar lo mejor de uno mismo en cada momento, más allá del resultado que se obtenga.

“Quizás te des cuenta algún día que la Vida no exigía tanto de ti, tanto sacrificio tanto cansancio, tal vez solo te pedía ser FELIZ”

 

¿En qué medida la exigencia condiciona tu manera de ser?

¿Tienes tus metas claras?

¿Pudiste darte cuenta cuáles son tus prioridades?

¿Lograste terminar tu proyecto?

¿Cuáles fueron tus exigencias en ese proyecto?

 

Gracias por compartir tu estilo de vida